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lunes, 24 de junio de 2013

Los hijos, la sucesión y otros misterios

 Después de reflexionar sobre la real situación de las primeras sociedades humanas, tenemos que necesariamente pasar al siguiente estadio del largo y tortuoso trajín de la historia humana. Lo que nos lleva a comentar la forma en que se establecía la sucesión del poder y como fue que se edifico el poder casi incuestionable de los hombres adultos, por sobre las mujeres, los jóvenes, ancianos y ciudadanos en general.
La primera sucesión de poder que encontramos en la historia desde que el hombre vuelve a tomar las riendas del poder político, se da en el antiguo Egipto, mucho antes de que el mismo sea un estado unificado, el Alto Egipto es el escenario en donde se desenvuelve la trama. Según con las crónicas encontradas en las ruinas de Dufur da Anif se pude extraer lo siguiente:

“ El supremo rey, Ad – Kafar, soberano de las tierras sin maldad, transfiere su gloria y poder sobre la tierra a su legitimo heredero, Ad Kifar, desde ahora conocido como “Príncipe Sol”, encargado de velar por la gloria de su padre, hijo directo del dios Sol, cuya inmaculada obra se ve reflejado en la prosperidad de nuestro pueblo. Agradecidos de la bondad y estima que nos ofrece el hijo del Sol, le ofrecemos nuestros servicios hasta el final de los tiempos”

        De aquí se puede extraer que el poder antiguamente estaba legitimado por la creencia en el mito, de que un dios – en este caso el Sol – designaba a los soberanos de los distintos reinos. La mentira fue transferida de padre a hijo, para resguardar los privilegios de la familia, cuyo tamaño fue creciendo hasta tomar dimensiones de clase social.
Lo anteriormente expresado responde inmediatamente a lo que atañe a la familia integrante de la nobleza egipcia, esto se puede replicar en otras sociedades similares.  En cuanto a las clases más bajas, las familias estaban bajo la potestad del padre, la esposa de éste, tenia la triple función de esposa – madre – hija mayor, lo cual hace que el sucesor legitimo en esa época no sea la mujer, sino el hijo primogénito o sea el primer varón que nazca, no importa si hay una mujer antes que él en el orden de nacimiento. La razón de está práctica esta fundada en una razón sencilla y se explica perfectamente en el trabajo del antropólogo José de la Cruz:

         Desde épocas primitivas y por los objetos encontrados podemos ver que los hombres estaban más abiertos a transferir sus conocimientos a sus hijos varones por factores como la camaradería, el reconocimiento de género y el constante acecho de las mujeres para retomar el poder hacia necesaria una conciencia de género, lo que se estableció desde un principio con las jornadas de timba y trago.   Los hijos al alcanzar la pubertad acompañaban a sus padres a cazar, en ese periodo de tiempo que pasaban juntos, la trasmisión del conocimiento se realizaba de manera intensiva, los privilegios y favores eran de primera orden. La madre debía servir al hijo que cazaba y era fuerte, pues era esencial para reguardar la jerarquía masculina sobre la femenina. Así, los hombres empezaban a machacar con ofensas y sarcasmos a los congéneres que manifestasen sometimiento o algún grado de consideración hacia su pareja femenina. Con motes como pollerudo, kuña’i y demás, se trata de debilitar las posiciones pro – mujer dentro del mismo circulo de hombres.

           Pero como dije en párrafos anteriores, la unidad granítica dentro del género masculino, es solo para mantener a raya a las mujeres del poder. Pero no todo es color de rosa en el mundo masculino, la guerra interna se desata entre hombres privilegiados, sus familias privilegiadas y los demás hombres que pretendían el poder. La resignación de los segundos se debía principalmente a que una lucha de esas magnitudes podría destruir todo el imperio masculino creado con tanto esfuerzo. La revancha de las mujeres esperará largo tiempo para darse de manera paulatina, con la ayuda de desertores de género.

La transmisión de conocimiento y herencia a los hijos varones no solo se debe por el hecho de que había que someter a las mujeres, sino también a los demás hombres, he aquí donde aparecen nuevamente formas de legitimación del poder que durante el gobierno de las mujeres permanecieron alejados de la praxis política. Estos son:
-          El cazador más fuerte
-          El anciano con mayor experiencia
-          El  Jefe de la familia más numerosa
-          El caudillo más astuto
Estos cuatro tipos de líderes masculinos, se impusieron a los demás por la fuerza, la astucia o la experiencia, la historia de Jashó es un claro ejemplo de cómo estas prácticas van perfeccionándose con el paso de los siglos.  En los siguientes párrafos describiré como el factor del mito, se constituye en la fuerza más poderosa para legitimar el poder.

Extracto del Libro la Cuestión Social de JCR.. Copyrigth (prohibido tocar)

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